Comienza con tres salidas semanales de 25–35 minutos a paso vivo, intercalando dos mini-bloques de fuerza de pie muy controlada. Aprende a registrar sensaciones, cadencia y recuperación. Dedica un cuarto día a movilidad suave y respiración. Prioriza técnica, sueño y consistencia frente a intensidad para cimentar confianza duradera.
Aumenta a cuatro sesiones; eleva ligeramente la cadencia, añade una serie extra de zancadas o peso muerto a una pierna y prueba un tramo de pendiente moderada si es posible. Mantén un día regenerativo. Observa hambre, energía y humor; ajusta comida, hidratación y ritmo para sostener progreso sin fatiga acumulada.

Apunta a 1,2–1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día, repartidos en 3–4 comidas, acompañados de verduras, legumbres y granos integrales. Esa mezcla sostiene saciedad, reparación muscular y regularidad digestiva. Come con atención, mastica despacio y permite que el apetito real guíe tus porciones.

Bebe agua a lo largo del día y añade una pizca de sal en climas calurosos o sesiones largas. Crea anclas: vaso al despertar, botella visible, recordatorio amable. Incluye fruta acuosa y sopas ligeras. La hidratación estable mantiene rendimiento, ánimo, contracciones musculares y claridad en las decisiones alimentarias.

Duerme 7–9 horas cuando puedas y respeta un día ligero cada semana. Camina suave, estira de pie y realiza respiraciones lentas por la nariz. Observa señales de fatiga, hambre exagerada o apatía. Ajusta volumen y ritmo; el descanso oportuno acelera mejoras y previene parones frustrantes.